Mensual, packs de accesos, franjas a menor precio o pase diario. La regla vive en el plan, no en la cabeza de quien atiende, y es exactamente la misma que se aplica en la puerta.
Por tiempo, por accesos o por franja horaria
Formas de contar, y un plan puede usar las dos a la vez: por tiempo y por accesos. Vence por lo que ocurra primero.
Lugar donde se define la regla. Si la cambias, cambia para todos, y la puerta se entera sola.
Planes borrados. Sacar uno de venta no le toca la membresía a nadie que ya lo compró.
Lo que le vendiste al socio tiene que ser exactamente lo que la puerta le permite hacer. Ahí es donde las planillas fallan, y no por descuido: fallan porque la regla nunca estuvo escrita en ninguna parte.
Por tiempo (treinta días, noventa, un año), por accesos (doce entradas, veinte) o las dos cosas a la vez. Un plan mixto vence por fecha o por accesos, lo que se acabe primero.
La franja horaria en que se puede entrar, las sedes donde vale, y si habilita reservar clases. Cada límite es una regla que la puerta o la agenda van a revisar solas.
El control de acceso lee el plan del socio y decide con esa regla, sin consultarle a nadie. No hay una segunda versión de la verdad que alguien tenga que recordar.

Un gimnasio chico compite con lo que el grande no puede ofrecer: un plan hecho a la medida de quien tiene enfrente. Estos cuatro salen del mismo formulario.
Mensual, trimestral, semestral o anual. Treinta días, noventa, los que definas. Es el plan que sostiene el negocio y el que casi todos tus socios van a tener.
Doce entradas, veinte, o una sola. Para el que viene dos veces por semana y no quiere pagar un mes completo, y para el que está de paso por la ciudad.
Un plan de seis a tres de la tarde más barato que el libre. Llenas las horas flojas con gente que no puede venir en peak, y no regalas el horario que sí se llena solo.
Cada precio distinto es un plan distinto, y crear uno toma un minuto. Es más simple que un plan con excepciones que alguien tiene que acordarse de aplicar en el mesón.
Las tres situaciones que más discusiones producen en un mesón ya están resueltas por regla, así que nadie tiene que negociarlas de nuevo cada vez.
Si el socio renueva cuando le quedan cinco días, esos cinco se suman. El vencimiento se corre desde donde estaba, no desde hoy, y nadie pierde lo que pagó por adelantarse.
Puedes otorgar una vigencia de cortesía o corregir un error, con el permiso adecuado y quedando registrado con su motivo y su responsable. En los reportes cuenta cero, así que no infla tus ingresos.
Si un socio pagó dos veces y hay que anular una, se revoca solo lo que esa compra agregó. El resto de la vigencia sigue corriendo como si nada.
Vigente, por vencer o vencido son estados que el sistema calcula, no una opinión de quien mira la planilla. Y cuántos días antes empieza el aviso lo decides tú.
El socio queda sin vigencia y no entra: la puerta lo deniega y se lo dice en el momento, con todas sus letras, para que sepa a qué va al mesón. Ese rechazo se levanta solo con el pago, sin que nadie tenga que destrabar nada.
Los que necesites, activos a la vez. El catálogo se busca por nombre o código y se filtra por activos e inactivos, así que tener varios no lo vuelve incómodo de operar.
Sí, y es la única forma en que funciona. Un plan se desactiva, nunca se borra: deja de admitir ventas nuevas y las membresías ya emitidas siguen corriendo hasta su fecha. El historial tampoco se pierde, porque el plan sigue ahí explicando de dónde salió cada vigencia.
Sí. Cada plan declara si vale en todas tus sedes o solo en las que elijas. Y si marcas que vale en todas, la sede que abras el año que viene queda incluida sin que tengas que volver a editarlo.
Lo decides tú, y es un ajuste de tu gimnasio: al comprar, o en el primer ingreso. Con la segunda opción, al socio que paga el viernes y aparece el lunes no se le queman dos días.
Creas tu cuenta, configuras tus planes e importas tus socios. Sin llamadas de venta, sin contrato de permanencia y sin esperar a que alguien te agende una demo.