El socio reserva desde su teléfono, el cupo se descuenta en el momento y si cancela vuelve a estar disponible. Sin listas de mensajes que alguien tiene que ir tachando a mano.
Reserva desde la app · Cupos que se cuentan solos
El socio reserva cuando quiere, no cuando hay alguien en el mesón para anotarlo.
Cupos vendidos dos veces. El sistema es el que cuenta, no la memoria de quien atiende.
Agenda. La que ve el socio es la misma que ve el entrenador y la misma que ve recepción.
Si reservar cuesta más trabajo que mandar un mensaje, el socio manda el mensaje y la agenda vuelve a ser un cuaderno.
Clase, entrenador, hora y cupo. Se repite semana a semana sin volver a escribirlo, y si un martes puntual cambia de hora, mueves ese martes sin romper el resto de la serie.
Desde la app, viendo cuántos lugares quedan de verdad. Si está lleno, lo sabe antes de venir y no llega a discutirlo al mesón.
Si cancela, el lugar vuelve a la agenda al instante y se le avisa a los socios que podían tomarlo. No se queda esperando a que alguien se entere.

Un horario mal puesto no se nota al guardarlo: se nota cuando llega un socio a una clase que no existe. Estas tres se revisan antes de que la clase se publique.
Si tu gimnasio abre a las siete, no te deja guardar una clase a las seis. Una clase que nadie puede tomar solo produce a alguien parado frente a una puerta cerrada.
Si le asignas dos clases que se pisan, no te deja guardar. Dos clases distintas a la misma hora sí, por supuesto, que es lo normal cuando tienes espacio: lo que no puede es la misma persona dictando las dos.
Programar en un día que marcaste cerrado casi siempre es una intención, no un error de dedo. Ahí el sistema te lo advierte y te deja confirmar, en vez de decidir por ti.
Un cupo que se libera y nadie ve es una clase que sale con un espacio de menos teniendo gente que lo quería. Y no todas las clases necesitan cupo para servirte.
Cuando alguien cancela, el cupo vuelve al instante y les llega el aviso a los socios que podían tomar esa clase. No hay lista de espera que administrar ni turnos que ordenar: el que reacciona, entra.
A veces no quieres limitar a cuántos entran, solo saber quiénes van a venir para preparar la sala. Marcas la clase como agendable y sin aforo máximo, y tienes la lista sin cerrarle la puerta a nadie.
Una clase puede ser solo informativa: aparece en el horario, todos la ven y nadie reserva. Para la actividad abierta de siempre, no tienes que inventarle un cupo que no necesita.
Una clase puede exigir un plan determinado. Así vendes un plan que incluye clases y otro que no, y la agenda lo hace cumplir sin que nadie revise nada en el mesón.
Marcas a un trabajador como entrenador y con eso gana su ficha, con foto, especialidad y disponibilidad, y queda asignable a dictar clases. Va por separado de los permisos: alguien puede administrar la agenda sin ser entrenador, y un entrenador puede ver solo lo que tú decidas. Y si además le habilitas el modo coach, entra a la app a llevar el entrenamiento de sus alumnos.
Sí. Cada clase puede declarar el plan que habilita reservarla, y si no declara ninguno queda abierta a cualquier socio con vigencia. La regla vive en la clase, no en quien revisa la lista.
No pasa nada, y es a propósito. El sistema no lleva una marca de inasistencia ni castiga a nadie: un registro así solo sirve si vas a penalizar o priorizar con él, y esa es una política tuya, no algo que deba decidir el software. El problema de fondo se resuelve por el otro lado: cancelar libera el cupo al instante y le avisa a quien lo quería.
Sí, si le das acceso al módulo. Los permisos se dan por módulo, así que ve el horario completo y filtra por sí mismo cuando quiere quedarse solo con sus clases.
El sistema no la borra ni la mueve solo, porque eso sería decidir por ti. Lo que sí hace es mostrártela: una clase huérfana que nadie ve es una clase que sigue publicada, y ese es el error caro.
Creas tu cuenta, configuras tus planes e importas tus socios. Sin llamadas de venta, sin contrato de permanencia y sin esperar a que alguien te agende una demo.