Los roles los armas tú, con los nombres que usa tu gimnasio, y cada uno abre solo los módulos que necesita. Eso dejó de ser una comodidad: la ley te obliga a limitar quién accede a datos personales.
Obligación directa de la Ley 21.719Roles, con los nombres de tu gimnasio. Lo único obligatorio es que siempre exista uno con acceso total.
Sesión activa por cuenta. Si dos personas comparten un usuario, la segunda deja afuera a la primera y la cuenta compartida se acaba sola.
Formas de borrar una acción del registro. Solo se suma: ni el dueño ni quien la hizo pueden editarla después.
La confianza es real y no está en discusión. Lo que la ley pide es otra cosa: que el acceso esté limitado por diseño, para que un descuido no se convierta en una filtración.
Si una cuenta de recepción se queda abierta en el computador del mesón, lo que queda expuesto es lo que recepción necesita, no la base completa de socios.
Regalar un mes, anular una venta, dar de baja a un socio, sacar un plan de circulación: cada una queda firmada con quién la hizo, a qué hora, sobre quién y por qué. El motivo se pide en el momento, no se reconstruye tres meses después, cuando la conversación ya se puso incómoda.
Cuando alguien se va, se le quita el rol y se acabó. No hay que recordar a cuántas cosas tenía acceso ni qué contraseñas alcanzó a saber.
Confiar no es lo mismo que exponer
Un rol se arma eligiendo los módulos que la persona necesita para trabajar. Todo lo que no elegiste queda cerrado por defecto, así que no tienes que ir prohibiendo cosas una por una ni acordarte de lo que se te pasó.

Dar de alta a una recepcionista es operación de todos los días. Decidir quién accede a los datos de tus socios es otra cosa, y por eso vive detrás de otra puerta.
Alguien puede administrar al staff sin poder editar los permisos. Si no fuera así, bastaría con que una persona se arregle un permiso para terminar una tarea y termine con acceso a todo. No hace falta mala intención para que ocurra.
Quien tiene acceso total no puede darse de baja solo, y la cuenta con la que se creó el gimnasio no se elimina desde el sistema. Es la protección contra quedarte sin nadie que pueda entrar a arreglarlo.
Si das de baja un rol que alguien está usando, el sistema te muestra a quiénes afecta y te obliga a resolverlo en el mismo acto: los reasignas a otro rol, o quedan sin acceso. Lo que no puede pasar es que se enteren cuando no puedan entrar.
Es la única forma, y es a propósito. No traemos un catálogo de roles que después no calza con nadie: los creas tú con los nombres que ya usa tu gimnasio, y cada uno abre los módulos que decidas. Lo único que el sistema exige es que siempre exista un rol con acceso total, para que nunca te quedes sin quien pueda administrar.
No, y la diferencia es útil. Ser entrenador es una marca aparte del rol: te da su ficha y lo hace asignable a dictar clases. Así alguien puede administrar la agenda sin ser entrenador, y un entrenador puede tener el rol que tú quieras, desde recepción hasta ninguno.
Sí, y se elige explícitamente al crearlo. Queda como parte del staff, aparece en los listados y puede tener responsabilidades en el gimnasio, pero no opera la consola. Es reversible el día que lo necesites.
Deja de funcionarles. Cada cuenta admite una sola sesión activa: cuando entra la segunda persona, la primera queda fuera. Y si cambias la contraseña de una cuenta, se cierran todas sus sesiones y hay que volver a entrar.
El rol de acceso total ve todo, y tiene que existir siempre. Lo que conviene es que no sea la cuenta de uso diario: un acceso total abierto todo el día en el mesón es exactamente el riesgo que los permisos vinieron a evitar.
El modo coach es una habilitación aparte y se cobra aparte. Entra a la app como coach solo quien la tenga, y lo que ve ahí son sus alumnos asignados y el entrenamiento de cada uno, no la consola del gimnasio.
Creas tu cuenta, configuras tus planes e importas tus socios. Sin llamadas de venta, sin contrato de permanencia y sin esperar a que alguien te agende una demo.